Recién fui al Correo a hacer un envío a Holanda y no dejó de asombrarme el desconocimiento de, por lo menos, dos de sus empleados.
-¿Adónde va?
-A Holanda; The Netherlands-, aclaro, porque así figuraba en el sobre.
-¿Cómo?
-Netherlands-. Se lo deletreo: -N-E-T-H-E-R-L-A-N-D-S.
Al ver que su búsqueda en la compu tornaba infructuosa, le advierto: -Ojo que puede figurar como Países Bajos también, eh.
Con esa pista finalmente lo encuentra, sin embargo su perplejidad no cede.
-¿Países Bajos? Pero qué, ¿son varios países entonces?
-Así se la conoce también a Holanda-, sintetizo.
A un par de metros, un compañero suyo interrumpe el relato de una jugosa anécdota sobre un vigilante de calle para pavonearse estentóreo: -¡¿Holanda?! En Europa queda.
El que me atiende a mí, dudando: -No, en Europa no...
-Sí -tercio tímidamente y con vergüenza ajena-, queda en Europa, eh.
-Mirá vos.
-Bueno, con tal que llegue – suelto finalmente con una sonrisita que no logra disimular mi preocupación.
-Quedate tranquilo que llega.
-Bueno, me quedo tranquilo. ‘ta luego.
-Chah.