Días atrás el Ministro de Justicia, Julio Alak, encabezó un asado y un brindis en la ESMA. Asistieron dos mil personas. Es un incidente menor ―y es menor incluso cuando “hacer un asadito” significaba, en la ESMA, durante la dictadura, quemar los cuerpos de los detenidos―, pero es la clase de incidente a la que los funcionarios kirchneristas nos tienen acostumbrados. La ESMA (la Escuela de Mecánica de la Armada) representa, en Argentina, lo mismo que Auschwitz en Alemania: un símbolo de la maldad moderna.

Sucedió lo que tenía que suceder. Los responsables y los involucrados acusaron a los “medios hegemónicos” de “distorsionar la realidad”, las personas encargadas de horrorizarse sobreactuaron sus disgustos y las personas que hace rato licitaron la dignidad de sus muertos callaron o justificaron la alegre celebración en el mayor campo de concentración de la dictadura militar. La memoria de algunos muertos viene con código de barras.

Fragmento inicial del artículo "Un asadito en la ESMA", publicado por Marcelo Pisarro en su blog "Nerds All Star".