El otro día miré de pasada un fragmento de “678”. Curiosísimo.
En el mismo se reproducía una entrevista televisiva en la que Macri decía que antes de emprenderla en la política sólo agarraba los diarios para mirar las secciones “Deportes” y “Espectáculos”. Lo decía, claro, para graficar su total desinterés, en aquellos viejos buenos tiempos, por la cosa pública. Dicha minisecuencia era reiterada con el consabido reverb en la voz del acusado y un graph que redundaba en sus palabras –y esto porque, se sabe, Gvirtz, sus estrategas y superiores consideran al militante cautivo anche al potencial como criaturas sumamente inteligentes.
Ahora bien, dejemos de lado los argumentos ad hominem (v.gr.: Macri es un hijo de puta) e incluso los de tipo ideológico (v.gr.: Macri es la derecha reaccionaria, Macri es el resabio del neoliberalismo noventista, etc.). Y digo que los dejemos de lado porque no era ésa la objeción que pesaba esta vez sobre el vecino por antonomasia del Cono Sur y alrededores. Lo que se le endilgaba era… ¿qué era? ¿Que no tuviera credencial de vitalicio militante? ¿La falta de antecedentes? ¿El bigotito? ¿Ser de Boca? ¿No era ésa, acaso, la famosa toma de conciencia de la que tanto se hablaba y se habla aquí, allá y en todos lados?
Qué quieren que les diga, cada vez más creo que ésta y otra gente afín son lobbystas calificados del PRO. No hay mejor halago para el jefe de gobierno porteño que repetir en loop cómo pasó de su desdén por la política a involucrarse activamente en ella (sólo los cruzados oficialistas y un par de opciones a cada uno de sus lados podrían ver en esta chicana de juguetería el señalamiento de una conducta reprobable por parte del inefable “Mauri”).
¿O es que acaso lo que el kirchnerismo llama “la vuelta de la política” (de la cual se arroga el dudoso mérito de ser el impulsor y ya hablaré de esto algún día) vale sólo si los que “vuelven” son los propios y pasa a ser un demérito cuando los que surfean su celebrada ola ocupan en cambio un determinado espectro otro del espacio ideológico? Que el poeta Barone, las sras. Russo y Veiras, Cabito, por qué no, o cualquiera de las tortugas que sostienen este orbe cuadrado bautizado con la sola letra K me lo expliquen.
Esto cuando y si es que algún día llegaren a saber que existo y siempre que tuvieren un minutito para concederme, desde ya.