Un ser luminoso es aquel que irradia la luz que lo habita. Un iluminado el que se cree bañado por el foco divino. Esto a propósito de Spinetta y Horacio González, respectivamente, y del texto pomposo, lejano, vacío y desdeñoso (se le escapa por todos los flancos a pesar del ¿esfuerzo?) que éste último le dedicara al primero en el marco de la muestra "Los libros de la buena memoria". Se habla de la “generosidad” de González y de su gesto “innovador” (en el diario oficialista Tiempo Argentino, claro) al abrir las puertas de su Santuario a un rocker póstumo. Lástima que no tuvo la misma generosidad para desisitir de autoconcederse la escritura del mentado texto –que abre la muestra-, y que además intente hacer de Luis, a como dé lugar, un personaje “nacional y popular” (no es extraño este empecinamiento en falsear la historia para sumar porotos a la causa, ¿verdad?). Me pregunto si Alejandro Rozitchner no habría estado mejor calificado para la tarea (ah, pero es del Pro, vade retro!!!!!!!!!), o tal vez Carca, o Dárgelos (¿quiénes son?), o Marcelo Pompei (habría que revisar su foja de antedecentes ideológicos, es complicado) o Sergio Pujol (¿el quién?) y tantos otros que, al contrario de González, y a las pruebas me remito en el link al pie, estoy seguro sí hubieran tenido algo que decir sobre el homenajeado. El resto de la muestra parece que está muy buena.
Aprovecho la ocasión para elevar mis plegarias en favor de que el Sumo Pontífice de la Biblioteca Nacional le abra su corazón a otros intelectuales que no sean los que se alinean obedientemente con el Modelo, ya que dicho recinto no es, o no debiera ser, un ghetto de la intelligentsia K (si cabe el oxímoron), sino un espacio genuinamente plural y diverso.
Diez Ave Cristinas y un Padre Néstor.

http://www.bn.gov.ar/spinetta3.pdf