"... No me cae bien, doc... Viene acá, se sienta ahí, como está usted y me hace preguntas estúpidas. Si creo en Dios... Si me gusta el cine... Si quiero a mi vieja... Lo que sí me parece es que está buena... ¿Le conté la porno del Hombre de la Verga Luminosa?... Se la conté a ella y lo único que hacía era preguntarme si yo lo había soñado... O inventado... ¿Cómo se me va a ocurrir una cosa así? ¡El Hombre de la Verga Luminosa!... Era la porno preferida de todos los pibes de Buedo... La tenía el Tano Fuzzaro en su casa... era del viejo... La cosa es así... El argumento, digo... Escuche Doc: el tipo, por un problema... ¿Vio?... Por la composición de su cuerpo... Esteee... Tenía la verga hecha con el mismo material que tienen en la panza las luciérnagas... ¿Va?... Y cuando se le paraba se convertía en un haz de luz poderoso... ¡Un porongón para iluminar el Dock Sud y todo Buedo! Y en la mejor escena de la película se ensartaba a una rubiona y, con la pieza en penumbras, le hacía salir por todos los demás agujeros de la mina haces de luz ¡era de no creer! ¡La pieza donde garchaban iluminada por seis rayos que salían de la mina ensartada por la Verga Luminosa!... Esa escena nos volvía locos...
... Ya termino... Ya termino... ahí aprendí que al culo se le dice siete porque es el agujero número siete... ¡Pulenta!".

Fragmento de "Los Lemmings y otros" (Fabián Casas, 2005)