La adhesión espontánea y cuasi unánime que ha concitado el delirio de la venerable Cecilia Giménez (ésta sí la gran restauradora) materializa el ansia de carcajada frente al entumecimiento y la solemnidad del arte y el recordatorio (impecable) de que el misterio de la existencia porta un quantum de absurdo que no tiene caso ningunear.
¡¡¡¡Te banco Chechuuuuuuuu!!!