¿Por qué, respecto de ciertas músicas, el gusto, aparentemente, no prescribe?
Ilustremos a lo bestia: Sui Géneris -ha dicho/dice mucha gente-, música de mi adolescencia temprana –y casi suscribo-, quedaron muy por detrás de mí. En cambio es raro, casi imposible escuchar a alguien abjurar contingente o integralmente de, pongámosle –y por tirar un nombre pertinente- Kraftwerk.
¿La única explicación es el mayor refinamiento de éstos últimos por sobre los jovencitos del pelo largo y las tonadas folk, o sea una cuestión de exclusiva empatía estética? ¿O bien el rock ha venido fundando silenciosamente una pose y por ende una moral del gusto, que nos premia dotando de pedigree a nuestras playslists y vida social a cambio de ponerle barrotes a nuestra sensualidad?
Y si es es esto último, entonces qué poco rock queda en el rock, ¿dónde estará el rock ahora? ¿con qué nuevo y fascinante nombre habrá falsificado esta vez su DNI?
Para pensar juntitos y tomados de las manos, atendiendo seriamente la noción de subjetividad colonizada.

PD: y ahora que me liberé del rocker de la horda primitiva, me voy a escuchar el último de Facundo Saravia, que me mata.