El otro día, post mediante, Fernando Martín Peña nos contaba la desgracia de haber sido conducido por un taxista facho que, a lo largo del trayecto, le soltó todos los latiguillos del caso (“hay que matarlos a todos”, “esto con los militares no pasaba” y así por el estilo).
Pues bien, he aquí su reverso: el que me acaba de traer a casa un viejo hippie –no es ésa la parte afortunada, esperen- que se grabó en CD varios programas de Nat Geo sobre las teorías más recientes respecto de la energía oscura, las partículas subatómicas y el multiverso selectivo.
Así, mientras oteaba el paisaje a través de los cristales empañados, escuchaba una voz calma y al mismo tiempo arrobada especular sobre el futuro del cosmos, la posibilidad de que seamos una mera proyección holográfica o la expansión del Universo tras el estallido del Big Bang.
Debo confesar que hasta hoy me parecía exagerada la política viajera de Ale Rozitchner, que consiste en exigir al chofer de turno cese inmediato de cualquier sonido hostil a sus oídos, alegando que un suplicio tal puede arruinarle el viaje y buena parte de su día.
Ahora comprendo que he sido un pusilánime abnegado y lo que acaba de ocurrirme una epifanía a $5.30 la bajada de bandera.

PS: Encima me condonó 30 centavos.
Grosso.