Cuatro meses y no pasa un día sin que piense en vos varias veces al día, sin que te escuche, sin que te sienta.
Gracias por abrir grietas hacia mil mundos, por transfigurar éste, por ser del futuro.
Gracias también por haber sofisticado mi espíritu; y estimulado mi intelecto y por haberme impulsado indefectiblemente hacia el bien (¡hago lo que puedo, Flaco!).
¿No se llama educar eso?
Gracias por todo, que es mucho.
Yo tampoco me conformo con que queda tu obra; creo que cualquiera que te haya escuchado a fondo está atragantado con sed de más; pero no sólo sed de Luis, que también y especialmente: hablo de sed de mundo, de producirlo, de aventurarse y de probar sin detener nunca la marcha, como el guerrero aquél...
Encima, fuiste grosso hasta el gesto postrer, pues al evanescer, al no haber lápida ni panteón ni Père-Lachaise que valga, tronchaste como en vida toda chance de santuario o veneración.
Y nos dejaste lo mejor: el amor y la huella en la piel.
Algún día, ojalá, el rumor de tu canción se abrirá paso entre las masas y caeremos en la cuenta de tu real calaña y dimensión: alien, colosal;
inconcecible*.
Te extraño, Luis.

http://grooveshark.com/#!/s/ Hombre+De+Luz/3J4cr6?src=5

* Aceptemos el desafío radial de Oscar Jalil y pensemos en otro, no ya con su singularidad, eso sería demasiado, sino que haya permanecido vigente, mutante y de cara al porvenir durante… más de cuarenta años. Ya está, ya está: ¡Spinetta! Ah, ¿otro tiene que ser? Jame pensar…