“Cuando llegó, yo estaba hablando con Michele, en la puerta del teatro. Me acuerdo como si fuera ahora. No lo había visto nunca; bajó del coche acompañado de otro dos, era alto, corpulento, llevaba sombrero y bufanda. Se notaba, comisario, un hombre rico, rico en dinero y rico en poder. Un hombre que podía hacer todo lo que quería. Todo. En cualquier momento. Se fijó en nosotros al entrar; en mí y en Michele. En mí. Y sonrió, una sonrisa salvaje. Conozco esa sonrisa, comisario. Antes de tocarme, los hombres sonríen de esa manera. Cuando comprenden que una no tiene por dónde escapar”.



El invierno del comisario Ricciardi, Maurizio de Giovanni, 2007.