"El periodista soviético Ovtchinnikov escribe en sus recuerdos del Japón: "Aquí se cree que es el tiempo en sí el que trae a la luz del día la esencia de las cosas. Por este motivo, los japoneses ven en las huellas del crecimiento un encanto especial. Por eso les fascina el color oscuro de un viejo árbol, una piedra horadada por el viento, o incluso los flecos, testigos de las muchas manos que tocaron un cuadro en sus bordes. Estas huellas del envejecimiento las denominan "saba", palabra que traducida textualmente significa "roña". "Saba": es la roña inimitable, el encanto de lo viejo, el sello, la pátina del tiempo".
Un elemento así de la belleza, como "saba", da cuerpo a la unión entre arte y naturaleza. En cierto sentido, los japoneses intentan con ello apropiarse del tiempo como una especie de material artístico
".

Andrei Tarkovski, Esculpir en el tiempo, 1986.