Recién, un jugador de Aldosivi, parado casi en mitad de cancha, rompía en llanto tras el pitazo final y el descenso de su equipo a la B Nacional. Un rival, de Olimpo, se acercó y le dio un abrazo tan cálido, tan sentido, mientras el otro no podía parar de llorar, que incluso terminó la transmisión y allí quedaron estos dos pibes, enlazados en un gesto de dolor y consuelo raro de ver en un mundo en el que el otro "no esiste". Bien por ellos.