No quiero alarmar a nadie (de hecho, no creo que nadie se alarme) pero hace unos meses escuché dentro de mí una voz tan clara como ajena que, de la nada, sentenció: "te vas a morir en 2018". Vale aclarar que yo no estaba sugestionado, ni asustado, ni en algún tipo de trance místico, probablemente haya estado lavando los platos o mirando "Paso a Paso", qué sé yo. El caso es que no me inquieté casi nada, "falta bastante para el 2018", pensé.