Cada que leo a Pynchon me pasa lo de siempre, es decir que me entra por un ojo y me sale por el otro y que lo considero un autor sobrevaluado. Sin embargo, no me es difícil extraerle perlas.

"El día anterior había nevado, dos días antes soplaron vientos muy fuertes y anteriormente el sol hizo brillar la ciudad como en abril, aunque según el calendario estaban a principios de febrero. Esta falsa primavera es una curiosa estación en Washington. En ella tiene lugar el aniversario de Lincoln y el Año Nuevo chino, y flota en las calles una sensación de desamparo porque aún faltan semanas para que florezcan los cerezos y, como ha dicho Sarah Vaughan, la primavera llegará un poco tarde este año. En general, las gentes como las que se reúnen en el Viejo Heidelberg las tardes de los días laborables para tomar Würtzburger y cantar Lilí Marlén (por no mencionar la dulzura de Sigma Chí) son inevitable e incorregiblemente románticas y, como sabe todo buen romántico, el alma (spiritus, ruach, pneuma) no es, en sustancia, más que aire, y es natural que las deformaciones en la atmósfera sean recapituladas por quienes las respiran".

Fragmento del cuento “Entropía” (1960) (Un lento aprendizaje, Thomas Pynchon).