Hoy iba rumbo al Bosque y en el silencio irreal de la ciudad en feriado, comencé a escuchar el Himno a lo lejos. En una plazoleta, una filial de Gimnasia conmemoraba la fecha del día. Me detuve un rato y, por primera vez y fuera de cualquier abstracción, sentí, en la presencia de esa gente, otra presencia, trágica, la de los cuerpos enterrados en Malvinas. No hay remate, no hay conclusión. Lo sentí en el cuerpo y en el aire.