Y un día se acabó la post de “Temporada alta”.   Y el master fue entregado y en unas cuantas horas se multiplicará en unas centenas de dvds y otros tantos megas que hendirán las retinas de un puñado de extraños y otros vagamente familiares.  Me invade una honda desazón, una mustia y acre sensación de vacío.   Nada nuevo, se sabe, y es que he investido con tal carga este proyecto, que al consumarse y por ende perecer (para nacer como film), no debería sorprenderme este perplejo y sostenido desasosiego.  Sin embargo hay algo más, específico esta vez.   El proceso de montaje de imagen y sonido, conjunta y separadamente, ha sido largo, arduo y exigido enormes esfuerzos, que acometí incondicional y sin escatimar en gastos energéticos.   Como contrapartida, la instancia puntual de corrección de color y, digamos, tallado final de la imagen, sólo me otorgó margen para llevarla a cabo “en una sola toma” (en el marco de una única jornada) y con apenas unas horas más de gracia para una última revisión.   No es necesario señalar la notoria inequidad prodigada a cada una de estas fases.   Cierto que el film logra acercarse a la consecución del argumento tentado; cierto también que cumple con sus “deberes” genéricos, y cierto asimismo que el relato discurre con relativa fluidez a lo largo de sus casi noventa minutos de duración.   También está claro que porta defecciones atribuibles a mi mal saber y entender, a mi falta de destreza, digo, y otras consecuencia más o menos directa del azar. 
Pero hay un tercer tipo de mella que guarda íntima relación con el desajuste que señalaba líneas arriba, y que no es achacable a la falta de presupuesto  y tampoco a alguna clase de impericia más o menos asentada en mí, sino a un defectuoso diseño de producción, ni más ni menos, y evitable por cierto (que al espectador medio de porno todo esto pueda importarle muy poco no sólo no me consuela, sino que al serme referido con intención de restañarme las heridas no hace otra cosa que punzar aun más mi malestar).
En fin, sospecho que debo procurar un cambio de coequiper para acometer con ese último tramo previo a la culminación de un film, y que más allá de saberes y facultades, su cualidad primordial habré de buscarla –y allí obrará el crucial giro- en el grado de involucramiento, mínimo, vital y móvil,  para con la aventura en frames de que se trate.   Creo a la vez que he llegado a una suerte de callejón sin salida, incompatibilidad inexorable entre las metas discursivas que me he venido planteando y las condiciones de producción con las que cuento.   Afortunadamente no estoy “haciendo historia”; ni soy el rey del porno ni el Nº 1 ni el más “fashion”; ni quiero autocolgarme ninguna de esas absurdas medallas en oferta que tanta tristeza provocan.   Sucede que no creo “Temporada alta” sea un paso adelante respecto de “Perversiones sexuales de un terapeuta”, y entonces es tiempo de aguzar la mirada para avistar otros puntos de fuga; novedosos, posibles.
Hoy, nuevas sendas tomareeeeeeeeeeemoooooooooooosssss…. *

* pero antes un poco –o un mucho- de vida disipada (tengo que advertirles que, al contrario de Patricio Ricci, que vela sin descanso por nuestra salud física y moral, yo soy un peligroso apologeta de las drogas).

PD: sobre todo sintéticas.